Eli Regalado lanzó una criptomoneda por orden divina y perdió los ahorros

El colapso de una criptomoneda 'ordenada por Dios' expone el peligro del evangelismo tecnológico. La misma fe ciega que impulsa la IA sin evidencia puede costar caro a los líderes que confían en promesas.

Eli Regalado lanzó una criptomoneda por orden divina y perdió los ahorros

Foto: Daniel

Cuando Eli Regalado aseguró que Dios le había ordenado lanzar una criptomoneda, los inversores no pidieron un balance ni un informe técnico: obedecieron. Él y su esposa Kaitlyn difundieron el mensaje de que una fuerza superior dirigía el proyecto y que la compra de su moneda era parte de una “transferencia de riqueza” para los elegidos. La moneda colapsó, los ahorros desaparecieron y hoy quedan más preguntas que respuestas: ¿fue un fraude deliberado, un autoengaño o una combinación de ambos?

La historia, reseñada por MIT Technology Review, podría leerse como una rareza del submundo cripto. Pero encierra una lección más incómoda para el mundo tecnológico en general. El mecanismo que movilizó a esos inversores —la fe que reemplaza a la evidencia— no es exclusivo de las sectas financieras. Es el mismo combustible que mueve a ciertos discursos sobre inteligencia artificial.

Cripto y el vacío del escrutinio

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Las criptomonedas nacieron como un experimento criptográfico, con una base técnica real: blockchain, consenso distribuido, firmas digitales. Sin embargo, su adopción masiva ha estado marcada por una paradoja: cuanto menos comprenden las personas la tecnología, más dispuestas están a confiar en narrativas emocionales. Estudios académicos sobre criptomonedas documentan una limitada conciencia pública, riesgos de ciberseguridad, impactos sociales y una regulación inconsistente entre países. En ese vacío de conocimiento, cualquier promesa de autoridad —técnica, carismática o divina— encuentra terreno fértil.

El caso de los Regalado es solo la punta. No fue una IA la que estafó a esas personas; fueron personas usando una tecnología emergente como vehículo de una revelación. Pero la estructura del engaño es la misma que está apareciendo en el ecosistema de la IA.

El evangelismo de la inteligencia artificial

Cada ciclo tecnológico produce sus profetas. La IA actual tiene los suyos: gurús que anuncian una inteligencia general inminente, consultores que venden automatización total y vendedores que describen los modelos de lenguaje como si tuvieran comprensión y voluntad propias. El patrón narrativo es casi religioso: un futuro inevitable, una transformación radical y un llamado a invertir antes de que sea tarde.

Ese discurso no es necesariamente malicioso. Muchos de sus propagadores creen genuinamente en la tecnología, igual que Eli Regalado quizás creía que escuchaba una voz divina. Pero la creencia no es una metodología. Cuando un ejecutivo decide adoptar IA basándose en la promesa de un vendedor y no en evidencia medible, está reproduciendo a escala corporativa la misma dinámica de la congregación que compró una moneda sin entenderla.

Señales de alerta

  • Promesas de resultados sin datos concretos de rendimiento.
  • Opacidad sobre los fallos, sesgos o limitaciones del modelo.
  • Presión para decidir rápido, calificando la duda como “falta de visión”.

Para los directores en América Latina, donde la adopción de IA avanza a gran velocidad y con menos infraestructura de supervisión que en economías centrales, estas señales deberían ser obligatorias. La regulación local todavía está en pañales en varios países, y los proveedores internacionales no siempre explican qué hacen con los datos ni cómo auditan sus sistemas.

La misma exigencia de transparencia y responsabilidad que se reclama para las criptomonedas debería aplicarse con más rigor a la IA. No se trata de frenar la tecnología, sino de dejar de tratarla como un oráculo. Una herramienta de IA es un sistema estadístico: puede equivocarse, tener sesgos y fallar en producción. Ignorar esa realidad es pagar el precio de la fe.

Cuando los Regalado hablaban de una criptomoneda “guiada por Dios”, el mercado respondió con dinero real. Cuando un proveedor de IA dice que su modelo es “revolucionario” y que no hay tiempo para dudar, el riesgo es el mismo. La diferencia es que, en el segundo caso, quien pierde no es un inversor individual: es una empresa completa. La pregunta que deberían hacerse los líderes no es en qué tecnología confían, sino en qué evidencia basan esa confianza. Porque si Dios no habla, alguien más está hablando en su nombre.

Fuentes

  1. The Download: una criptomoneda “impulsada por Dios” y una hoja de ruta de ingeniería solar
  2. Criptomonedas: una revisión sistemática de las dimensiones Shariah, regulatorias y sociales
  3. La influencia de las creencias éticas, sostenibles y ambientales en la participación individual en criptomonedas en Dinamarca, Finlandia y Suecia
Melina Rodríguez

Escrito por

Melina Rodríguez

Especialista Inteligencia Artificial

Arquitecta de profesión, estratega de IA por convicción. Máster en Gestión Urbana por la Universidad Politécnica de Cataluña y certificada en ISO 42001 — la norma internacional de gestión de inteligencia artificial. Co-fundadora de 3Dual Studio y consultora en Bewos, ha diseñado programas de alfabetización en IA para organizaciones públicas y privadas en América Latina.