La revolución de los robots humanoides en China
China ha pasado de mostrar robots humanoides en ferias tecnológicas a desplegarlos en entornos reales de trabajo. Según datos recientes, el país produjo 12.800 robots humanoides en 2025, aproximadamente el 90 % del total global, y los está utilizando en centros de entrenamiento, laboratorios de investigación, logística y plantas de fabricación. Esta cifra, aunque muy inferior a los 556.000 robots industriales producidos el mismo año, marca un punto de inflexión en la estrategia de Pekín por liderar la llamada "inteligencia artificial física" o "IA corpórea".
El impulso no es casualidad. La política estatal "Robot+" y la iniciativa "IA + Manufactura" buscan duplicar la densidad de robots en las fábricas chinas para 2030. El gobierno chino incluyó la IA corpórea en el informe anual de trabajo de 2025 y la convirtió en prioridad del XV Plan Quinquenal, que se extiende hasta 2030. Para las autoridades, estos autómatas no solo reemplazarán a una fuerza laboral cada vez más escasa y cara, sino que también contribuirán a la modernización militar y al cierre de brechas en infraestructura de vigilancia.
Principales actores y sus avances
Empresas como Unitree, AgiBot y UBTech, que compiten directamente con gigantes globales, dominan el ecosistema chino de robots humanoides. UBTech, el fabricante líder, está probando sus robots de la serie Walker en fábricas de vehículos eléctricos, donde realizan tareas específicas como inspecciones de calidad, ensamblaje de componentes simples y clasificación de materiales. Sin embargo, su fundador admite que los humanoides actuales "solo alcanzan la mitad de eficiencia de un humano".
Kepler Robotics ha desarrollado el robot K2, capaz de transportar cargas de hasta 30 kilogramos en tareas logísticas básicas. Midea, el gigante de electrodomésticos, desplegó el año pasado su robot humanoide de seis brazos, MIRO U, en su planta de lavadoras en Wuxi para apoyar el ensamblaje. Estas aplicaciones, aunque limitadas, representan un avance significativo frente a las demostraciones puramente escénicas que dominaron años anteriores.
De las exhibiciones al uso real
La transición de las ferias a las fábricas es evidente en sectores como la electrónica y la automoción. Robots humanoides ya empacan teléfonos, clasifican paquetes en almacenes y hasta vigilan el tráfico en algunas ciudades. Esta adopción temprana contrasta con la situación en Estados Unidos y Europa, donde las empresas todavía se centran en el desarrollo de hardware y software sin una estrategia de despliegue masivo.
Un informe de MERICS, el instituto de investigación sobre China con sede en Berlín, señala que en el CES de Las Vegas de enero de 2026, más de la mitad de los expositores en la sección de robótica humanoide eran chinos. Mientras tanto, Nvidia, el gigante estadounidense de chips, presentó nuevos modelos fundacionales y plataformas de simulación para robótica con IA, lo que configura una división del trabajo: China fabrica los robots, y Estados Unidos provee la inteligencia artificial subyacente.
El siguiente gran mercado: los hogares
En la estrategia china, el siguiente paso es llevar estos robots a los hogares. El gobierno busca que los humanoides se conviertan en asistentes domésticos capaces de cuidar ancianos, limpiar espacios y realizar tareas cotidianas. Ante una población que envejece rápidamente, con una tasa de natalidad en mínimos históricos, la automatización del cuidado se percibe como una solución casi inevitable.
Empresas como Unitree ya comercializan modelos de cuatro patas y bípedos para tareas simples en interiores, aunque el salto hacia una adopción masiva en el ámbito doméstico todavía enfrenta barreras técnicas y de coste. Los robots actuales carecen de la destreza fina necesaria para manipular objetos pequeños o interactuar de forma natural con humanos, y su precio sigue siendo prohibitivo para la mayoría de familias.
Desafíos: coste, seguridad y regulación
A pesar del optimismo oficial, los desafíos son considerables. La eficiencia de los humanoides sigue siendo inferior a la humana en la mayoría de tareas, y su coste de producción aún no alcanza los niveles que permitirían una adopción masiva. Además, la dependencia de Nvidia para los componentes críticos de IA representa un punto débil estratégico que Pekín intenta mitigar con inversiones en chips nacionales.
En el ámbito laboral, la rápida difusión de robots genera un debate interno cada vez más intenso sobre el impacto en el empleo y la contratación social. El gobierno chino ha empezado a discutir medidas de compensación para los trabajadores desplazados, aunque por ahora se prioriza la productividad sobre la protección social.
La seguridad también es motivo de preocupación. Con robots integrados en la vigilancia urbana y la infraestructura crítica, crecen los riesgos de ciberataques y mal uso de datos. Las autoridades chinas han comenzado a desarrollar estándares técnicos para la robótica humanoide, pero la regulación internacional sigue fragmentada.
El futuro: hacia un despliegue masivo
Las proyecciones para 2030 indican que China duplicará su densidad de robots industriales y expandirá significativamente el uso de humanoides en servicios públicos y privados. El país asiático ya es el mayor mercado mundial de robots industriales, con más de la mitad de las instalaciones globales, y su dominio en humanoides parece consolidado.
Sin embargo, la carrera no está cerrada. Europa, con su fuerte base industrial y startups jóvenes en IA física, todavía tiene espacio para competir. El continente cuenta con empresas como KUKA (ahora de propiedad china) y una tradición robótica sólida. La pregunta no es si China liderará la producción, sino si Estados Unidos y Europa podrán mantener la ventaja en software y componentes críticos.
Por ahora, la estrategia china es clara: aprovechar su enorme mercado interno y su cadena de suministro para escalar rápidamente, mientras integra la IA en todos los niveles de la economía. El futuro que dibujan los políticos del gigante asiático es de fábricas oscuras donde robots humanoides trabajan sin descanso, hogares atendidos por autómatas y una sociedad donde la presencia física de la IA es tan común como hoy lo es un teléfono inteligente.