ChatGPT supera mil millones mientras el rechazo crece

Los ejecutivos latinoamericanos adoptan IA por miedo a quedar fuera, pero los datos revelan rechazo social, riesgos sin asegurar y una herramienta que estrecha el conocimiento. La gobernanza no ha llegado.

ChatGPT supera mil millones mientras el rechazo crece

Foto: Aerps.com

La contradicción ya no es anecdótica: es el paisaje operativo. Encuestas de Pew y Stanford muestran que la mayoría de la población mundial teme a la inteligencia artificial; Gallup registra que un 71 % de estadounidenses prefiere vivir cerca de una central nuclear antes que junto a un centro de datos de IA. Sin embargo, ChatGPT supera los mil millones de usuarios mensuales y Gemini roza los novecientos cincuenta millones. La mitad de los adultos en la OCDE ya ha usado herramientas generativas. La tecnología se ha vuelto infraestructura invisible antes de que la sociedad decidiera si la quería.

Para el ejecutivo latinoamericano, la disyuntiva no es filosófica: es de supervivencia competitiva. El informe de la Geneva Association, basado en seiscientos tomadores de decisiones de seguros en las seis mayores economías, confirma que la adopción es generalizada aunque la utilidad percibida varía. El motor no es la convicción sino el miedo: "si no uso IA no me da tiempo a acabar todo el trabajo". La herramienta se impone como condición de posibilidad para rendir en un sistema que exige siempre más.

Esa adopción a ciegas ha creado un frente de riesgos que el sector asegurador aún no sabe tasar. La Geneva Association clasifica los peligros en siete dominios —operacional, ciberseguridad, ético, regulatorio, reputacional, de fuerza de trabajo y ESG— y más del 90 % de los encuestados ve necesidad de coberturas específicas. Dos tercios pagarían primas al menos un 10 % más altas. Pero la oferta no acompaña: aplicando el marco de asegurabilidad de Berliner, los riesgos de IA generativa pueden generar pérdidas muy grandes y difíciles de verificar, creando asimetrías de información severas. Como en los primeros días del seguro cibernético, las aseguradoras dudan en ofrecer límites altos.

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En América Latina el cuadro es más frágil. La región llega tarde a la regulación: mientras la UE aprueba su AI Act y EE. UU. avanza por órdenes ejecutivas, la mayoría de los países carecen de marcos específicos. Eso deja a las empresas en un limbo jurídico: adoptan IA para competir, pero no saben qué responsabilidades asumen al alucinar un modelo, filtrar datos o infringir propiedad intelectual. El mercado de seguros regional es aún más inmaduro; las grandes reaseguradoras globales definen los estándares desde Europa y las filiales locales replican cláusulas sin capacidad de suscripción propia. Una pyme mexicana o colombiana que quiera asegurar su chatbot de atención al cliente encontrará primas altísimas, exclusiones amplias o directamente ninguna póliza.

La fuga de talento agrava el cuello de botella. El primer obstáculo de implementación según la Geneva Association es la escasez de personal cualificado. En LatAm, donde la migración de ingenieros hacia el norte es constante, formar o retener equipos capaces de auditar modelos, detectar alucinaciones y gobernar datos es un desafío estratégico. A eso se suma la dependencia de proveedores extranjeros: la inmensa mayoría de la IA generativa corre en nubes de Amazon, Microsoft o Google, con modelos entrenados en inglés y datos del norte global. La soberanía del dato, el cumplimiento de leyes locales como la LGPD brasileña o la Ley 25.326 argentina, y la latencia operativa son riesgos que los contratos estándar no cubren.

La investigación académica reciente añade una dimensión inquietante. Un estudio cualitativo sobre ChatGPT identifica paradojas que complican la interacción humano-IA: simplicidad versus complejidad, tecnofobia versus tecnofilia, uso obligatorio versus voluntario. La ambivalencia no es un error: es la firma de una tecnología que media la relación con la realidad. Los trabajadores no la rechazan por luditas; la sabotean porque han entendido que "te ayudará a ser más productivo" significa "te pediremos que hagas el trabajo de dos personas". El 44 % de la generación Z admite sabotear activamente la IA en sus empresas: introducir datos confidenciales en herramientas públicas, usar aplicaciones no autorizadas, negarse a usar las oficiales. No es rebeldía; es lectura racional del incentivo.

Y hay un riesgo más sutil. Investigadores de la Universidad de Copenhague advierten que los grandes modelos de lenguaje ofrecen menos diversidad epistémica que una búsqueda web convencional: incluso GPT-5 proporciona al menos un 18,7 % menos de información diversa que Google. Cuando muchas personas consultan sistemas que tienden a seleccionar respuestas semejantes, el contenido más popular se vuelve todavía más dominante y el resto queda progresivamente relegado. Llaman a este mecanismo "colapso del conocimiento". No está ocurriendo aún —los modelos recientes son algo más diversos que los antiguos—, pero la velocidad de adopción (el 18,8 % de la población mundial en edad laboral usó IA generativa en junio de 2026, casi un punto más que en el trimestre anterior) amplifica el peligro.

La paradoja no se resuelve con más adopción ni con más rechazo. Se resuelve cuando la gobernanza —regulatoria, aseguradora, organizativa— alcanza a la tecnología. Mientras eso ocurre, cada ejecutivo latinoamericano debe preguntarse si está comprando productividad o hipotecando agencia y responsabilidad a un proveedor que no rinde cuentas y a un asegurador que no sabe cómo cubrir el siniestro. La respuesta no está en el próximo comunicado de prensa de Silicon Valley. Está en la capacidad de la organización para decir "no" a lo que no puede gobernar.

Fuentes

  1. Usuarios rechazan la tecnología pero la usan masivamente
  2. ¿Moda, fraude o futuro? Una investigación cualitativa sobre la adopción, resistencia y ambivalencia de la IA generativa
  3. La generación Z se ha convertido en el mayor obstáculo de la IA: el ...
  4. Los chatbots de IA pueden provocar un “colapso del conocimiento”, según un estudio
Melina Rodríguez

Escrito por

Melina Rodríguez

Especialista Inteligencia Artificial

Arquitecta de profesión, estratega de IA por convicción. Máster en Gestión Urbana por la Universidad Politécnica de Cataluña y certificada en ISO 42001 — la norma internacional de gestión de inteligencia artificial. Co-fundadora de 3Dual Studio y consultora en Bewos, ha diseñado programas de alfabetización en IA para organizaciones públicas y privadas en América Latina.