Anthropic paga 1.500 M$ por libros pirateados; autores ven reparto injusto

El reparto de US$1.500 millones por piratería de libros para entrenar a Claude desata disputas entre autores, editoriales y agentes. Los contratos legacy no previeron la IA y los creadores latinoamericanos enfrentan el mismo vacío legal.

Anthropic paga 1.500 M$ por libros pirateados; autores ven reparto injusto

Foto: Robert Anasch

El acuerdo de US$1.500 millones que Anthropic cerró con autores cuyas obras fueron pirateadas para entrenar a Claude debía ser el primer gran precedente de compensación masiva en la era de la IA generativa. En la práctica, está destapando una red de reclamos cruzados que deja a los creadores atrapados entre cláusulas contractuales escritas décadas antes de que existiera el machine learning.

Bajo los términos aprobados en julio, cada uno de los casi 500.000 títulos pirateados vale US$3.000. La regla general reparte ese monto 50/50 entre autor y editorial si el libro sigue en catálogo; si los derechos revirtieron al autor o la obra fue autoeditada, el creador cobra el 100%. Pero la fecha clave no es quién tiene los derechos hoy, sino quién los tenía el 10 de agosto de 2022 —la "fecha de descarga" que fija el acuerdo—. Cualquier reversión posterior no cuenta para el reparto.

El problema no es malicia, es papel mojado

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Victoria Strauss, del blog Writers Beware, clasifica las quejas en dos patrones: editoriales reclamando por obras cuyos derechos ya no poseen, y editoriales exigiendo el 100% cuando el acuerdo les otorga la mitad. Mary Rasenberger, CEO de Authors Guild, lo resume sin eufemismos: "Es el resultado predecible de un mal registro y un proceso confuso".

Este caso de la autora April Henry ilustra el absurdo: HarperCollins reclamó parte de Circles of Confusion, cuyos derechos le habían revertido en 2007 —quince años antes de la fecha de corte—. El portal de reclamos llegó a mostrar a la editorial como su "empleadora". Henry resolvió subiendo la carta de reversión, pero ¿cuántos autores tienen ese documento a mano?

Peor les va a los autores de libros de texto. Sus contratos históricos les asignan apenas 10-15% del total, dice Rasenberger. "Ahí es donde hay muchos autores descontentos", admite. El acuerdo no negoció título por título: aplicó porcentajes estándar definidos por un consejo colectivo con participación de la Guild y las editoriales.

Agentes que no son titulares de derechos también reclaman

Strauss reporta que agencias literarias están presentando reclamos porcentuales. Courtney Milan (seudónimo de la ex jueza y profesora Heidi Bond) fue tajante en Bluesky: "Los agentes no son titulares de derechos en los libros que venden. ¿Qué demonios, deténganse!". El Authors Guild confirmó que los agentes no tienen standing en este acuerdo, pero el portal de reclamos no lo impide automáticamente.

Cada disputa que no se resuelve entre partes va a un árbitro designado por el tribunal. La Guild promete pelear caso a caso, pero el volumen —482.000 títulos— vuelve la vía individual insostenible.

El momento "streaming" de la edición

Kristelia García, profesora de derecho de autor en Georgetown, traza un paralelo exacto: la demanda de Eminem contra Universal Music Group (2007-2012) por regalías de descargas digitales. Los contratos discográficos no previeron el streaming; los contratos editoriales no previeron el entrenamiento de IA. La industria está viviendo su momento streaming: miles de contratos mudos ante una tecnología que nadie imaginó al firmar.

Anthropic, por su lado, declaró en mayo que más del 91% de autores y editoriales habían reclamado su parte y quería cerrar el asunto. Las disputas de titularidad surgieron después. Mientras, la empresa enfrenta demandas paralelas: Sony Music y Warner Chappell por letras de canciones en Claude, y Microsoft defiende a Copilot alegando fair use frente a editores de noticias y la propia Authors Guild en Nueva York.

Lo que esto significa para América Latina

Este precedente es ineludible para la región. Brasil debate su marco regulatorio de IA (PL 2338/2023), Chile tramita su ley de IA y México evalúa reformas al derecho de autor. Ninguno ha resuelto cómo se compensará el uso de corpus en español para entrenar modelos —ya sea de Anthropic, OpenAI, Google o jugadores locales como la argentina Nubimetrics o la brasileña Kunumi.

Los contratos editoriales en español replican los mismos vacíos: cláusulas de "derechos electrónicos" genéricas, sin mención a minería de texto ni entrenamiento algorítmico. Las sociedades de gestión colectiva (CEDRO en España, CADRA en Argentina, CBL en Brasil) no tienen mandatos ni tarifas para este uso. Cuando la primera gran demanda por corpus en español llegue a tribunales —o se negocie un acuerdo tipo Anthropic—, los autores latinoamericanos enfrentarán la misma arqueología contractual: ¿qué firmé en 2005? ¿Revertí derechos en 2018? ¿Mi agente tiene poder para reclamar por mí?

La lección es clara: el valor que la IA extrae de la propiedad intelectual no se distribuye por justicia automática, sino por la capacidad de probar titularidad en una fecha arbitraria fijada por un juez estadounidense. Los creadores y sus representantes en la región deberían auditar sus catálogos ahora, no cuando el cheque —o la notificación de reclamo de un tercero— llegue al buzón.

¿Está el ecosistema editorial latinoamericano preparado para demostrar, libro por libro, quién detentaba los derechos el día en que un rastreador descargó su obra para un modelo que aún no existe?

Fuentes

  1. Los autores se oponen mientras las editoriales y los agentes reclaman parte del acuerdo de Anthropic
  2. Los autores dicen que las editoriales quieren una parte del pago de Anthropic, según informa el NYT
  3. Autores reclaman su parte del acuerdo de copyright de Anthropic - Las Noticias de la IA
Marcelo Peguero

Escrito por

Marcelo Peguero

Experto en estándares

Cofundador de ISOINNOVA y especialista en diseño de procesos de calidad, con más de 20 años implantando sistemas de gestión en organizaciones públicas y privadas de Latinoamérica. Su trabajo parte de una convicción simple: un proceso mal diseñado no se arregla poniéndole tecnología encima, se amplifica. Desde ahí mira cómo la inteligencia artificial entra en la operación de las empresas — qué promete, qué mide de verdad y quién termina asumiendo el costo cuando el estándar llega después de la herramienta.