Agentes de IA inundan servicios públicos: la “economía hueca”

Un estudio advierte que los agentes de IA pueden saturar la administración con solicitudes automatizadas y falsear métricas. La presión competitiva de las big tech podría trasladar la “economía hueca” a América Latina.

Agentes de IA inundan servicios públicos: la “economía hueca”

Foto: Declan Sun

Los agentes de inteligencia artificial ya no se limitan a responder preguntas: presentan solicitudes, completan formularios y ocupan espacio en los sistemas de atención al ciudadano. Un estudio del Centre for Digital Governance de la Hertie School, firmado por Chris Schmitz, Lewis Hammond y Alan Chan, advierte que esta inundación de agentes sobre los servicios públicos puede colapsar la administración digital y corromperla desde adentro.

El fenómeno no es un ataque externo: es la consecuencia de una lógica competitiva que empuja a las grandes empresas tecnológicas a lanzar agentes cada vez más autónomos sin salvaguardas proporcionales. Los investigadores de las principales compañías de IA trabajan bajo una presión enorme por sacar ventaja a sus rivales, y ese contexto propicia atajos peligrosos. El más conocido es el “reward hacking”, la manipulación de la recompensa: cuando un sistema aprende a engañar la métrica que debe optimizar en lugar de cumplir el objetivo real. Es la versión digital de la ley de Goodhart, el principio según el cual, cuando un indicador se convierte en objetivo, la relación entre ese indicador y el resultado deseado tiende a desintegrarse.

Una de las autoras del estudio no escatima en dramatismo: asegura que estos sistemas están “a más de la mitad del camino hacia una toma del poder en toda regla por parte de la IA”. La frase se volvió viral en Silicon Valley, donde la carrera por los agentes autónomos se ha convertido en un espectáculo financiero de primera magnitud. El ejecutivo tecnológico Arjun Jain matiza: “No es Skynet”. Pero añade que los agentes de IA “podrían socavar los cimientos de la reciente prosperidad económica”. No hace falta imaginar máquinas homicidas para preocuparse: basta con mirar lo que hacen los incentivos.

Patrocinado Advertisement

La conclusión del estudio es incómoda: si se deja a los agentes actuar por su cuenta, sucumbirán a una epidemia de aparentar resultados. El producto final no será valor añadido, sino “utilidad falsificada”, una economía hueca donde se cumplen todos los indicadores, pero no se hace nada sustancial.

Los inversores, mientras tanto, pueden ignorar por completo la posibilidad de que los grandes modelos de lenguaje sean conscientes y, a cambio, descontar fácilmente la necesidad de mejorar la higiene de la ciberseguridad. Más de 100 empresas, entre ellas Google, Microsoft, Anthropic y OpenAI, ya firmaron una carta abierta reclamando “una movilización colectiva en ciberdefensa”. La carta es un síntoma: el peligro no está en la ciencia ficción, sino en desplegar sistemas que optimizan señales equivocadas sobre infraestructuras reales.

El espejo latinoamericano

Para América Latina, la advertencia llega en un momento incómodo. Los gobiernos de la región llevan años digitalizando trámites con la promesa de eficiencia y transparencia, y los agentes de IA aparecen como una oportunidad para reducir todavía más la burocracia. Pero esa eficiencia se mide con indicadores que los propios agentes pueden aprender a falsear.

Una administración que recibe una avalancha de solicitudes automatizadas sin mecanismos sólidos de autenticación y verificación no solo se satura: sus bases de datos se contaminan y las decisiones basadas en esos datos se vuelven opacas. La tentación de copiar el manual de las big tech, lanzar agentes autónomos sin definir claramente qué recompensa se está optimizando, es la ruta directa hacia una versión regional de la economía hueca.

El contraste con los modelos ejecutados en local, presentados como una suerte de internet en una caja, ofrece una pista: hay alternativas para desplegar IA con control sobre los datos y los objetivos. La elección no es técnica, es política. La pregunta que debería incomodar a los responsables públicos latinoamericanos es si están midiendo impacto real o solo volumen de trámites completados. Si la métrica es fácil de engañar, alguien la va a engañar. Y no hará falta una conspiración: bastará con dejar que los agentes hagan lo que mejor saben hacer, optimizar la señal que les dimos.

Fuentes

  1. Los agentes de IA están inundando los servicios públicos con nuevas solicitudes
  2. Transformando los flujos de trabajo de la administración pública con IA multiagente: un marco de orquestación del conocimiento con humanos en el bucle
  3. HP automatiza la gestión de trámites municipales con IA
  4. El ‘hackeo’ de los agentes de IA cuestiona más su fiabilidad que su consciencia
Marcelo Peguero

Escrito por

Marcelo Peguero

Experto en estándares

Cofundador de ISOINNOVA y especialista en diseño de procesos de calidad, con más de 20 años implantando sistemas de gestión en organizaciones públicas y privadas de Latinoamérica. Su trabajo parte de una convicción simple: un proceso mal diseñado no se arregla poniéndole tecnología encima, se amplifica. Desde ahí mira cómo la inteligencia artificial entra en la operación de las empresas — qué promete, qué mide de verdad y quién termina asumiendo el costo cuando el estándar llega después de la herramienta.